Hemos visto ya en artículos anteriores lo que significa un proceso de votación, cómo se organiza y el hecho que el voto electrónico es una herramienta potente. Ahora vamos a echar un vistazo al otro lado de las urnas o de la pantalla para conocer más de cerca a los votantes y su comportamiento ante un proceso de votación.

Las reglas del juego

En Chile es una obligación legal – velada por la Constitución –  que los representantes del Estado organicen votaciones periódicas para elegir el presidente, el alcalde, los concejales, etc. De la misma forma es obligación para los directores, gerentes y presidentes de los sindicatos, organizaciones privadas o estatales, con o sin fines de lucro, etc. organizar procesos de votación para definir un cambio de directiva, de estatuto, consultar sobre cambios o decisiones importantes dentro de la respectiva institución.

Sin embargo, para los votantes ya no es una obligación – desde el 2012 en ámbito político – y nunca fue una obligación en ámbito institucional. Quizás sea esta la razón por cual algunos votantes no toman muy en serio este proceso. Sin duda hay una tendencia creciente hacia la abstención y es interesante analizar por qué está pasando antes de poder combatirla. La inauguración del voto voluntario, en las elecciones municipales de 2012, fue marcada por 57% de abstención, continuando con las recientes elecciones, con un 63%. Es decir, para el año 2012, que de 13 millones 388 mil personas que tenían derecho de votar, solamente 5 millones 428 mil marcaron alguna opción en su papeleta.

¿Por qué las personas eligen no votar? Hagamos una incursión empática para conocer mejor el comportamiento de los votantes.

Los votantes y la abstención

A menos que sean apasionados por la política o que tengan un espíritu cívico muy desarrollado, para la mayoría de la gente votar no es una prioridad, sino una tarea más. Una prioridad es llevar el niño a la escuela, dejar listas las compras, juntarse con los amigos, pero no votar. Si a esto le sumas las situaciones en que uno de verdad quiere votar, pero no puede, por varios impedimentos que puedan surgir, vamos a entender por qué baja mucho la participación en las urnas.

La gente no participa en los procesos de votación, principalmente por estas tres razones:

  1. Abstención dura: Caracteriza a las personas que no quieren saber nada del mundo político, están firmes en la decisión de no votar, por la razón que sea. Es el grupo que, incluso si la votación fuera obligatoria, preferiría pagar la multa o armar un viaje para excusarse en vez de votar. A este grupo, ni siquiera métodos alternativos como la votación online le interesaría. Sea en ámbito político u organizacional, los de la abstención dura simplemente no quieren votar. Y no lo van a hacer.
  1. Abstención circunstancial: A esta categoría pertenecen todas aquellas personas que, queriendo votar, no pueden hacerlo por motivos de fuerza mayor: están lejos de sus mesas de votación, tienen que trabajar, tienen algún tipo de enfermedad o capacidad reducida que no les permite desplazarse a las urnas, están en el extranjero o están privados de libertad sin condena. Este grupo es muy importante, ya que ve afectado sus derechos por el sistema: tienen derecho a voto y las ganas de hacerlo, pero el sistema tradicional de voto en papel con locales de votación fijos no se los permite. A este grupo la votación online le soluciona de buena manera el problema: ya no importa si están trabajando, fuera del país o enfermos. Con el voto electrónico, si de verdad quieren, van a poder votar.
  1. Abstención blanda: Es relevante porque seguramente es el segmento más grande de los gráficos sobre la abstención. Esta categoría representa a todos aquellos que tienen la intención de votar pero que este deseo les fue superado por los costos que impone hacerlo: desplazarse, salir al frío, interrumpir la celebración familiar, etc. Este grupo, si bien no ve coartado su derecho a voto, decide no hacerlo.

Es importante conocer y entender las razones de la abstención para poder reducirla y de esta forma no tener que gastar más de lo necesario en tiempo y dinero, para repetir procesos de votación. Se trata de tener empatía con los votantes y ver como facilitarles el proceso en vez de crearles un problema más en su vida cotidiana. Hay que evaluar con responsabilidad hacia los votantes todas las constantes a la hora de organizar un proceso de votación y tener presente los beneficios del voto por internet: una herramienta con cual puedes eliminar la espacialidad y la temporalidad, reduciendo el tiempo para los votantes y la molestia de tener que desplazarse. De esta forma puedes aumentar considerablemente la participación de las personas que podrían calificar para la abstención blanda y circunstancial.

Y tú, ¿participas en los procesos de votación?